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Parque Naucalli: entre el abandono, la privatización y la inseguridad

Marcos Marín Amezcua

La zona metropolitana de la Ciudad de México cuenta con un parque de no menor extensión. Pulmón de ella misma y que lo único positivo con lo que cuenta hoy es que su floresta creció y convoca a actividades culturales en su afamado Ágora. Y pare usted de contar. Un mal gobierno solo demuestra malas gestiones. Este es un ejemplo. 

Porque su abandono es verdaderamente deplorable. Hace unos años se echaban la pelotita los gobiernos estatal y municipal para evadir responsabilidades. Hoy lo regentea el ayuntamiento de Naucalpan y ello ha incrementado su notable e inocultable deterioro, que va desde sus verjas torcidas hasta la basura acumulada –no hojitas, basura industrializada amontonada por doquier– y su degradacióncreciente lo pone en un triple riesgo. 

Triple riesgo porque no faltarála respuesta a todo esto, como una brillante ideade un funcionario vivales oído por otrosmás vivales, que sostengan que el parque para sobrevivirrequiera seguirse privatizando por pedazos, o de una vez todo al completo, en vez de conformar un plan integral de reforestación, regeneración de espacios múltiples y seguridad. No faltará quien suponga además, que se abren posibilidades infinitas de negocio y desde luego, de toda laya. En esa tesitura el tercer riesgo para los ciudadanos es que su parque, el de todos y en el que sus impuestos deberían de verse  reflejadosen al menos lucir podado y barrido, sigan sin verse reflejados. Y no se venga conque conseguirlo implica invertir millones. No, es hacer su trabajo. Nada más.

El desgaste de su entorno, de su flora, el desmedro de sus caminos, la aridez de sus pastos y el descuidode su equipamiento, junto con su robo o desperfecto evidentes, se añaden a su inseguridad y desde luego, a la falta de apoyos, la carencia de un dispositivo real deseguridad eficaz a todashoras, y al ambulantaje y áreas concesionadas cual si fuera un inagotable mercado. Es previsible la proliferación de fauna dañina y desde luego es cosa de andarlo para constatar el estropicio desu adoquinado, invadido de hierba, el deslustre de sus áreas pintadas, o mejor dicho, despintadas, y de sus farolas quebradas. Quizás es hora incluso, de una nueva traza de su diseño, primando áreas verdes, pero eficientando su transitar y no dejarle grandes espacios aislados.

Es una pena lo que vemos, porque deja de ser funcional, no invita, es solo espacio para la pobredumbre en vez de ser un adecuado sitio digno, de solaz esparcimiento y deportivismo que podría en verdad, ser la opciónreal que sus vecinosevaden en alto porcentaje y muchos más evitan, al no ofrecer ni lo más elemental: verdor y seguridad. 

Hace años que nopreguntamos porqué operan restaurantes privados de altos vuelos en su predio. Cómo es que tiene espacios para exposiciones y escenarios a medio usar, inmuebles también visiblemente deteriorados y en un tris constatamos la pobreza de su conjunto forestal –ahí están las especies, pero falta podarlas–, regar sus prados, adecentar el espacio en general. Es una tristeza ver que tan ingente parque sea tratado de manera tan irresponsable por los gobiernos municipales de todos los partidos, porque la cosa no es nueva, perel problema ha ido creciendo con el tiempo.

Si el parque Estado de México Naucalli lo regenteara el gobierno deToluca no me extrañaría que obtendríamosiguales o peores resultados. Sería imposible suponer que marchara bien cuando el Estado de México es un estado de alerta permanente. 

Lo que se evidencia es la ausencia de oficio político en algo tan elemental como administrar un parque.  Muchos responsables y pocos dispuestos a asumir. Sea este un llamado para que intervengan las autoridades y de una vez por todas trabajen en pos de conseguirque el espacio recupere la lozanía y utilidad que jamás debió de perder.

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