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Las elecciones que vienen #2DeJunio

Marcos Marín Amezcua

2019 convoca a elecciones locales. Un gobernador en Baja California –con la cauda de ayuntamientos y diputados locales que conlleva– y otras cuatro entidades eligiendo ayuntamientos. Y se suma Puebla para elegir a un nuevo gobernador después del fatal deceso de la gobernadora Alonso y con unos cuantos municipios que deberán repetir las elecciones allí mismo.

Las votaciones de junio próximo pueden ser leídas en varias direcciones, pero hay que aportar lecturas sensatas, que no son frecuentes. Difícilmente son estos comicios un referéndum a López Obrador y a Morena. Los electores dejaron muy claro el requerido cambio el año pasado rechazando al PRI en el gobierno nacional hasta en un 76%. Los estados llevan su propia dinámica. Dado que no son elecciones federales y este gobierno federal de Morena llevara escasos 6 meses para entonces, es ocioso suponer que las elecciones de junio sean una consulta nacional.

Hecha de lado esa facilona manera de interpretarlas antes de que cunda, las elecciones del 2 de junio ponen en la báscula a los gobiernos de Aguascalientes, Durango, Quintana Roo y Tamaulipas, en manos opositoras al PRI al día de hoy. A ellos, sí. Eso sí es un referéndum, pues van a la mitad de sus sexenios estatales y la gente valorará de alguna manera a sus gobernadores. Si el triunfo opositor en 2016 fue un mazazo directo al PRI y a Peña Nieto y adelantaba la estruendosa derrota priista de 2018, un regreso del priismo allí en estas nuevas elecciones sería además de un error y de un retroceso, una advertencia de que el PRI puede regresar, desgraciadamente, a la presidencia. Ahora, por otra parte sí, es pronto afirmar eso de que ganar Aguascalientes ya los haga victoriosos a los priistas de la elección presidencial de 2024. No perdamos el piso. Que no debrayen los analistas.

Baja California es un tema aparte. Hace 6 años el PRI amagaba con ganar Baja California. Lo más podrido de ese partido se alistó a cercar a los bajacalifornianos tratando de que su candidato ganara y perdió de manera contundente y fue un decirle al PRI que no las tenía todas consigo y que su regreso no implicaría ni ganarlas todas ni regresar triunfante en todas. En esa lógica sí pudiera suceder que el PAN perdiera, pues el peso de los errores ya cuenta, luego de 25 años de gobiernos panistas. La pregunta sería ¿Y ganando a cambio, quién? El PRI siempre se ha sentido muy merecedor…falta lo que digan los electores, que cada vez más cuentan y cuentan más y no necesariamente piensan en el PRI.

La elección de 2013 allí ya fue una clara advertencia de que, aunque el PAN retenía la gubernatura, era la segunda vez seguida que pasaba de panzazo, es decir en el sentido de que el PAN estuvo cerca de perder su emblemática entidad. 6 años después el gobierno de Kiko Vega genera muchos asegunes y malestares. Como el PAN no es un recién llegado, difícilmente puede echarle la culpa a los gobiernos anteriores, pues…fueron igual, panistas, y llevan allí un cuarto de siglo.  Así que el PAN se está jugando perder BC ante su cada vez cuestionable gestión.

Y Puebla…una vez que se ha anunciado que el 2 de junio de repondrá gobernador, eligiéndolo, nos recuerda algunos aspectos que merecen citarse para no errar y no inventarse realidades de difícil concreción en aquella entidad sumida en una terrible criminalidad producto del huachicol tolerado. Quien gane parte de que en efecto, está la sombra de López Obrador que no cedió a Alonso y al PAN; más no como la dibujan sus enemigos, porque sería el más perjudicado de haber estado detrás de la muerte de Alonso y su marido; y para sombras en esa elección los opositores y desde luego que también la de los Moreno Valle, que tampoco vendían piñas. Con ese panorama los electores poblanos, como los venezolanos, son los únicos llamados a decidir su futuro y no conforme a lo que piense o le convenga a nadie más. A nadie. Mezquindades tales  como las de los opositores que en los días subsiguientes a la muerte de la gobernadora decían sandeces tales como que Morena no participara o que el PAN se retirara o que el PRI se abstuviera de participar en una nueva elección, son condenables. Es una elección ríspida, pero de todos. Que los electores elijan. Van todos los que legalmente llamados lo estén y que aguanten vara, la de los electores que son quienes han de juzgar y elegir su destino con base en desempeños.

Puebla nos advierte que en su constitución local que no prevé que el interino sea del partido que ganó las elecciones. Ya se les coló un priista. Así ocurrió esta vez. Y es una advertencia para la presidencia de la República, en que igual sucede que de haber un faltante, la constitución federal no marca que se elija a un sustituto del mismo partido como interino y que debiera ser del partido gobernante si faltara el titular cuando el Congreso deba nombrarlo. Por último, las elucubraciones acerca de si la gente votará por unos o por otros es mejor ni adelantarlas. Venden, sí pero no son serias. Una premisa las revienta: que nadie desestime la voluntad de un electorado inteligente que sabe que viene de una elección impugnada y viciada. Con esa premisa conviene ser cautos en las predicciones.

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