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Cuenta llena: La izquierda en México

Filipo Ocadiz

Permítanme tener esta plática conmigo mismo desde mi propia óptica. He especulado acerca del histórico triunfo de la izquierda en nuestro país, hace apenas unos meses y el cambio que hemos visto en el gobierno desde el primero de diciembre. Pero ¿qué nos trajo hasta la tercera caída?

En 1997 la Ciudad de México, en ese momento conocida como Distrito Federal, dio un vuelco a lo que se veía en todo el país y que detonó después en la mal llamada alternancia, pues de alternancia no tuvo nada, solo cambiaron los colores, pero lo demás quedó exactamente igual y, cómo no, el PAN fue creado para abolir y desterrar todo lo que sonara a pueblo. Algunos cayeron en el engaño en el año 2000, mientras que la ciudad se fue a otro lado, más bien, siguió el rumbo marcado por el ingeniero Cárdenas que se fue en busca de su tercer intento por conquistar la presidencia.Después del triunfo de 1988 llegó con ciertas probabilidades, pero los medios en su afán de seguir ganando dinero a costa de los mexicanos hicieron crecer una figura que les garantizaba seguir haciendo negocios impunemente.

Amén de una campaña mediática desde el gobierno de la ciudad, encabezada en ese momento por Rosario Robles, se alzaba una figura fuerte de izquierda que conquistó el corazón de la ciudad y de muchos capitalinos. Así, mientras se lloraba una tercera derrota de las fuerzas progresistas a nivel nacional a manos de un ranchero dicharachero y sin argumentos, en la ciudad nos decantamos por un gobierno distinto y en sentido contrario. Unos días después de que Fox tomara posesión del cargo de presidente y que en millones de personas se albergara un sentimiento de victoria, es decir, el cinco de diciembre, López Obrador tomó el cargo de Jefe de Gobierno. 

Casi de inmediato se notó el cambio. Nacieron las mañaneras. Todos los días a las siete de la mañana se daba conferencia de prensa desde el antiguo palacio del ayuntamiento, cosa que, desde luego, no sucedía ni en los pinos ni en ningún otro estado. Poco a poco comenzaron a surgir programas sociales. El primero, la pensión universal para adultos mayores. No se hizo esperar el abucheo desde las altas esferas políticas y muchos medios de comunicación. La gran mayoría estaba absolutamente en contra de ese tipo de programas y los llamaban populistas, a pesar de que se anunció como universal. Tampoco pasó mucho tiempo para que se empezaran a copiar los programas que en la capital del país tenían mucho éxito.

Después vino la construcción del segundo piso de periférico, una medida muy popular entre los miles de automovilistas de la gran urbe. A la par, se construyó una de las vías ciclistas más grandes de américa latina. No todo son los coches, aunque el segundo piso ayudó un poco a desfogar el terrible caos automovilístico que tenía la ciudad y que llevaba bastante tiempo padeciendo, las últimas grandes obras en ese sentido habían sido los ejes viales allá por los años 70. Por supuesto que era una obra grande y se le calificó de faraónica y excesiva. 

Como los automóviles ocupaban una gran parte de la vida de la ciudad y quedaba poco o nada para los sufridos ciudadanos que no tienen para comprar un coche, se decidió que el transporte en la ciudad necesitaba de algo más. Se trajo una idea probada en Brasilia, la capital brasileña y nació el metrobús. Para no perder la costumbre, se calificó a la obra de innecesaria y faraónica, de poco confiable y que destruiría una parte importante de la ciudad, la Avenida de los Insurgentes.

Mientras todo esto pasaba, Fox en su pequeñez tuvo la inspiración de ver en Andrés Manuel al enemigo a vencer. Un día sí y otro también, desde las mañaneras, se podía ver el ridículo del presidente a nivel nacional e internacional. Cuando vino la peor debacle del presidente, desde el zócalo se comenzó a ver un panorama distinto, hay quienes todavía sostienen que el jefe de gobierno no quería tener una silla demasiado astillada por él mismo. No voy a recordar el terrible episodio, ¿yo por qué? Busquen si quieren saber.Poco antes de partir en busca de su candidatura al señor que decía que trabajaba en los pinos se le ocurrió la gran idea de desaforar al jefe de gobierno, acusándolo de abrir una calle para un hospital, hasta hoy no ha quedado del todo claro cuál fue la participación de López Obrador en el entuerto que al final nos trajo una populosa marcha silenciosa en contra de la aberración jurídica y un gobernante en rebeldía.

Llegó el año 2005 y nos quedamos sin jefe de gobierno, se fue en busca de la grande y tuvo gran apoyo popular. Las redes sociales en ese momento no jugaban un papel relevante. Nos fuimos a dormir esperando lo mejor, pero extrañamente las tendencias no nos favorecieron. Se perdió, dicen, por un .56 por ciento. Primer strike.

En la ciudad poco o nada cambió. El cinco de diciembre de 2006, mientras lloramos una derrota más y nos encaramamos en la avenida Reforma, llegó Marcelo Ebrard y más o menos continuó el legado que había recibido. Los programas sociales implementados el sexenio anterior seguían en pie. La gran obra fue la construcción de una línea nueva del metro, al igual que los ejes viales no se había construido nada desde 1995, lo que conocemos como el tren ligero. Se continuó con la construcción del segundo piso en periférico, pero a diferencia de lo que hizo su antecesor éste fue de cuota.

Llegó 2012 y gracias a una espectacular campaña en los medios tuvimos el segundo strike. Llegó a la presidencia Peña. Un modelo creado en los pasillos de una televisora que pasó de ser un don nadie a gobernador del Estado de México y cuya gran obra fue, en su mandato como gobernador, un segundo piso que es la continuación de periférico, también de cuota y bastante mal hecho, pues solo unos cuantos kilómetros son de doble sentido y lo demás quedó inconcluso. Costó más del doble que el de la capital, así como los hospitales y otras tantas cosas más. La televisión puso a su candidato y después sabríamos por qué.

Mientras los escándalos de corrupción salían a la luz uno a uno, un hombre incansable seguía recorriendo el país, pueblo a pueblo. La campaña de doce años llegaba a su fin de la mano de un gobierno corrupto, entregado a los intereses nacionales y extranjeros, devastando todo lo que tenía a su paso o, mejor dicho, continuando con lo que se había comenzado a destruir 36 años atrás. No solo fue el hartazgo, fue ver en el candidato, a la postre ganador, una forma distinta de hacer política y también políticas.

Mientras Peña ascendía a la cúspide del poder en México, aquí padecimos uno de los errores, tal vez de los pocos, de Andrés Manuel, Miguel Ángel Mancera. Se decía sin partido, pero aprovechó el desmoronamiento del partido que lo llevó al poder pues, al final, 15 años haciendo lo mismo terminó por desgastar tanto al partido como al jefe de gobierno. Comenzamos a sufrir los embates del neoliberalismo que por 15 años nos habían sido ajenos. Más o menos a la mitad del sexenio y cuando más vulnerable parecía el presidente ocurrió un suceso con el cual marcó, al menos en mi percepción, el inicio de la era de las redes sociales en política, era una marcha que en redes se consideró a favor del peñismo. Todos los intelectuales orgánicos desfilaron por las principales pantallas de las televisoras y todas las estaciones de radio del país convocando a la marcha, incluso se habían comprometido los medios masivos de comunicación a tocar el himno nacional en cadena en una hora muy específica. No solo era una marcha, eran dos y la primera alcanzaría a la segunda y como punto culminante el zócalo de la Ciudad de México. Sobra decir que, gracias al activismo fomentado en redes sociales en contra de la marcha, con algún pretexto, ni me acuerdo cuál era, las marchas fueron, además, motivo de burlas, no llegó nadie y hasta se enojaron los convocantes.Ni modo, así es la democracia.

Con todos esos ingredientes, nos lanzamos por primera vez en busca de la vencida y vencimos. Las redes jugaron un papel sumamente importante desde antes de que empezara la campaña. Claro que las pifias gubernamentales, tanto a nivel federal como a nivel local, ayudaron bastante. El triunfo tan anhelado llegó por fin. Es nuestro. Ahora viene la parte más difícil, no sostenerlo, sino hacerle las críticas que sean constructivas para que todos lleguemos a la meta, un mejor país. No será nada fácil, construir lo que se destruyó por tanto tiempo es una tarea titánica, pero juntos, unidos y abiertos, lo lograremos. También es momento de preguntarnos a nosotros mismos qué clase de sucesor queremos de Andrés Manuel López Obrador para no terminar igual que los partidos del cono sur, con verdaderos dictadores tanto o más entreguistas que los últimos tres presidentes que hemos padecido.

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