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Huachicol, categorización de los delitos y los culpables

Marcos Marín Amezcua

El robo es un delito. Robarse el combustible lo es en consecuencia. Fácil de entender. No cabe la necesidad como excusa, porque por mucho que se viva de su uso, el combustible como tal no es ni siquiera un bien de primera necesidad per se. Fácil de entender. Si vas por tu soberana libertad a robarlo y se prende aquello, difícilmente puedes culpar a nadie. Fácil de entender y muy difícil de defender lo contrario; encima, no cabe esperar indemnizaciones del Estado cuando aparte de todo lo señalado, estabas robando sorprendido en flagrancia y has obstruido aquella labor que pudo salvarte la vida, como tus familiares o tú mismo impediste que actuara el ejército cuando intento disuadirte de proseguir tu delincuencial tarea de robo.


Un ejército que ante la necedad de la gente al actuar con la potestad que le corresponde para hacerlo, habría sido rudo y, entonces, estaríamos en el lado contrario: llamándolo represor, vociferando que no debió actuar. Lo sabemos porque nos conocemos. No nos vamos a contar historias a estas alturas del partido.

Pues bien: Tlalhuelilpan no es lo mismo que Ayotzinapa. Porque en Ayotzinapa elementos de seguridad que son representantes del Estado mexicano entregaron estudiantes al crimen organizado, una función que no les corresponde, y que hacerlo convierte el hecho en un crimen de Estado y enloda el nombre del priista Peña Nieto, para que no haya dudas de cuál fue la acusación en su momento: por obstruir las investigaciones y falsear la verdad. Como jefe de ese Estado mexicano. No porque haya o no estado en Ayotizinapa como protagonista al suceder las cosas, como muy lerdos salieron a decir los priistas en su burda defensa, siempre tan extraviados en la putrefacta mentalidad de partido que los caracteriza y  tantas pruebas dan de ello. 

Aclarado el punto, está bien documentado cómo se obstruyó al ejército el 18 de enero. Esta vez no es lo que diga la gente o lo que callaron los medios. Esta vez está grabado y no deja lugar a dudas. No hay que confundir o equivocarse. Intentó ayudar y se lo impidieron. Por ello no es lo mismo Tlalhuelilpan que Ayotzinapa.

En medio de este desastre donde la gente parte de tomar lo que no le pertenece, cual si fuera un derecho que no es,  no caben las absurdas justificaciones de los familiares: era por unos pesos, estamos olvidados, lo hicieron por necesidad, porque implica la de: “por necesidad, te violé”. Comprenderá que es cosa inadmisible por donde se le vea.

La falta de una oposición inteligente nos lleva a leer expresiones burdas. Y resulta ser verdad que frente a lo que mal denominan “transformación de cuarta” se muestra como una oposición de quinta. Triste porque no la necesita nuestra incipiente democracia.  Una oposición pulverizada por sí misma no es culpa más que de ella misma. Y esto se señala porque no faltará que de ello igual culpa a López Obrador, como lo culpa de su escasa representación legislativa producto más de su inoperancia.

Por si faltara, el legislativo federal se embrolla al momento de abordar la coyuntura del huachicol. El periodo extraordinario celebrado atestiguó el vano más que válido intento de atender un conjunto de delitos a tipificar como graves. Quiero conceder que ha sido un simple oportunismo, un valedero sentir de un “de una vez”, pero contaminó el proceso revolviendo temas igual de trascendentes. Lo son. Por revolver delitos poniéndolos todos a discusión, provoca que, como sucedió, no se atienda debidamente el estudio de cada delito, no se aborde cada tema con la seriedad necesaria y, desde luego, supone no ser abordados como lo ameritaría. Usted tiene derecho a saber que hay otras maneras de hacer las cosas. Y esa fue equivocada. Se puede proponer por separado legislar tan delicados temas elevando su categoría y no de forma atropellada y oportunista, pues ni atienden un delito ni cuidan al otro. Y sucedió así.

Un error brutal de todos los legisladores que pretendieron meter en el mismo saco delitos gravísimos como violación y huachicol, pero inconexos, que requieren su propia discusión y planteamiento para su más eficaz legislación. No hay más. Lo demás es grillar de forma estéril, cosa que aporta muy poquito al debate serio. Si es que se quiere un debate serio que aunque se pide, no se concede. De allí que se culpan mutuamente de haber desestimado la importancia de cada cual en perjuicio de la sociedad. 

Termino. Pedir 10 millones por cada familiar muerto y otro tanto por los heridos en el siniestro del viernes 18 de enero es una desvergüenza que no debe de callarse. En principio propone pagarlos el gobierno priista de Hidalgo. Tendrá mucho dinero sobrante. No considero que sea gratuito el ofrecimiento. El gobierno de un estado tan pobre y ligado al huachicol y siempre gobernado por el PRI, ¿es que tiene demasiada cola que le pisen en el tema? y desde luego desestimo que la ayuda ofrecida sea porque el PRI es bueno y eso da imagen. Que de la imagen no come la gente, priistas. ¡Entérense! El huachicol es ilegal, delincuencial y es sinónimo de muerte. No hay más.

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