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Tiempo, dinero y huachicol

Filipo Ocadiz

Por supuesto que el enorme desafío que le espera al gobierno de la república a partir del cambio en la forma de surtir el combustible a las diferentes zonas del país aún tiene un enorme signo de interrogación por delante. No es fácil, no podría serlo, tratar de adivinar el resultado. Al final prácticamente las mismas fuerzas están enfrentadas, pero ha cambiado el responsable del juego. Andrés Manuel López Obrados se ha lanzado de frente, como ningún otro presidente antes que él, a combatir el robo venga de donde venga.

Cierto es que la estrategia tiene algunos defectos. Lo más probable es que se sabía bien a bien cuál era el tamaño del delito desde dentro de las instalaciones de Petróleos Mexicanos, pero no se conocía su alcance real dentro del territorio nacional, lo que se tradujo en un muy visible desabasto. Habrá que obviar el papel que están jugando los poderes económicos que, ni tardos ni perezosos, comenzaron a azuzar a los ciudadanos y ciudadanas acerca de la falta de combustible en algunas regiones, lo que provocó compras de pánico, incrementando el desabasto. En fin, las válvulas permanecen cerradas en lo que la situación comienza a normalizarse.

Lo más probable es que el ejército tome, incluso, las poblaciones que vivían exclusivamente del huachicol, no para retar o amedrentar a los ciudadanos de esos lugares, más bien para vigilar que el ilícito ya no se siga llevan a cabo. Por desgracia ese escenario nos pone, justamente, de frente ante posibles enfrentamientos entre soldados y, en este caso, los criminales. No ha de ser nada sencillo perder un ingreso tan fácil y tan tolerado en muchos estados del país. Pero he ahí el verdadero problema. Muchos de los gobernadores, no se puede probar, pero tampoco es de soslayarse, que ellos mismos están coludidos con aquellos que roban el producto, ya sea en los ductos o en las terminales o, como hemos visto, en las mismas refinerías. No se puede robar tanto como se robaban sin que las autoridades lo supieran, eso sí que no es posible.

Estamos, entonces, ante un escenario de verdadero conflicto entre autoridades y delincuentes. Debo hacer mención que, aunque el ejército haya tenido una muy mala fama en la última docena de años, un poco más, no cabe la menor duda que en algo tenía razón Obrador al sostener que se debe gobernar con el ejemplo, pues hoy soldados y marinos bajo las órdenes del comandante supremo que hoy son la punta de lanza para comenzar a restablecer la legalidad en el país; sin embargo, muchas de las fuerzas encontradas en estos momentos pueden ser viejos amigos, incluso.

Solo nos resta esperar el resultado que seguramente tardará un poco en darse, para reconocer ya sean las fallas del Plan Contra el Robo de Combustibles o la enorme cantidad de delincuentes, entre ciudadanos, autoridades y políticos que pueden terminar sus días en una bonita cárcel. Aunque, por desgracia, los ciudadanos siempre hemos terminado pagando el pato, pues se robaban la no muy despreciable cantidad de 60 mil millones de pesos al año en huachicol y, debido al pánico provocado, la falta de gasolina para llevar a cabo las labores diarias. También habrá que ver realmente quiénes se quedaron sin combustible y quiénes sin huachicol.

Titánica tarea que cuesta y cuesta mucho, que requiere la participación de todos y un enorme esfuerzo ciudadano para acabar con la corrupción. No será fácil, pero ya se puso la primera piedra.

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