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Pueblos Mágicos, educación pública y ProMéxico

Marcos Marín Amecua

El presupuesto 2019 trae las novedades de reajustes que pasan por el camino de cancelaciones y reacomodos de los dineros y son precisas unas cuantas reflexiones para contextualizar y dimensionar la medida adoptada.

El programa de Pueblos Mágicos partía de impulsar la peculiaridad preexistente destacable y explotable de comunidades que siendo ya potenciales atractivos turísticos, se enriquecían a base de dinero público para embellecerse, volverse accesibles o detonar un desarrollo sustentable basado en el incremento turístico. La idea era adecuada y funcionó. Poco a poco se fueron integrando comunidades que recibían recursos sobretodo federales, a partir de proyectos planteados. Explotaban adecuadamente su condición sui generis que los volvía mágicos y en beneficio de la ciudad aludida, o al menos ese era el plan inicial. Cuando Peña Nieto declaró tal a Villa del Carbón y otros sitios mexiquenses con el acicate del dinero federal  recibir, quedó claro que el programa había degenerado y feo. O sea: chafeó.

En otras comunidades se usó un año el recurso que se volvió asistencialista y después…a vivir del cuento o desviándolo cuidadosamente para no ser enjuiciado nadie, sin crear condiciones para generar recursos propios.  Un plan B. A mayores beneficiados, menor claridad de cuentas. El modelo degeneró, merecería detenerse y entonces sí, replantearlo y fiscalizarlo mejor, pues está claro que fue superado. Así como hay quien puede decir que vendió más naranjas por ver más turistas, los residentes acusan que no siempre se vio claro el adecuado uso del dinero. Y 17 años debieron servir para impulsar en esas localidades cómo obtener sus propios recursos.

PROMéxico cancelado, fue un modelo impulsor que articulaba una política exportadora y de promoción de la imagen de México. Difícil tarea porque ese mismo gobierno poco hacía para paliar inseguridad y violencia que se encargaban de hundir la imagen de México. Pese a esa evidente contradicción se trabajaba a favor del país, pero quizás a elevadísimos costos. Quizás. Y con resultados pingües o no siempre claros. Quizás. Es que hay muchas piedritas en el arroz: era sabido en el gobierno federal que ProMéxico era el consentido de las finanzas públicas por sus elevados sueldos. Trabajar allí era sacarse la lotería con esos sueldazos de ensueño bien sabidos y era catapultarse a los cuernos de la Luna. Ya luego tenían los resultados no medibles por depender tantas veces del interlocutor, y que permiten dudar de la eficacia. Hay que admitirlo. Quedaría a valorar desempeños muy visibles y planes de trabajo porque hubo errores como el fracaso del pabellón mexicano de la Expo 2010, el haber ido sin pena ni gloria en la de 2015 y no haberse confirmado la participación definitiva de México en la Expo Mundial 2020, que se le queda al nuevo gobierno. A saber si México acuda. Antes del fracaso de 2010 nuestros pabellones eran premiados. Y México acudió a tantas expos antes de existir ProMéxico.

Respecto a la educación pública y su disminución, rectificada a base de presiones redireccionando el presupuesto, y no por error originalmente disminuido; en cuanto se supo la disminución de tal asignado se han generado varias reacciones a la postura exigente de los rectores: el alumnado que exige en redes sociales la auditoría a las autoridades universitarias, que piden y piden dinero y no siempre con transparencia; el cuestionamiento abierto a quienes cobran en programas de investigación sin escribir un libro o artículo que lo justifique, pese a pasar por doctores en el tema; y los muchos becarios que en el sexenio Peña Nieto obtuvieron beneficios yéndose al extranjero sin redituarle nada a México. Total, ya se pasearon. Sí. y los muchos que también redituaron existen y bien por ellos. Así que la disminución es a esos lujos, a esos barriles sin fondo, no per se a la educación. Y valorar cada tema nos recuerda que hay muchas manera de verlo, definitivamente.

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