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Transparencia y paparruchas

Filipo Ocadiz

En buen español las paparruchas son noticias falsas tratadas como verdad o, lo que es lo mismo, las denominadas en inglés fakenews. Basta con que se empiece a propagar cualquier cosa, cualquier nota, cualquier fotografía o video para que de inmediato se corran versiones del suceso. Tal cual, se juega al teléfono descompuesto. Tal vez la nota inicial, la fuente original, no sea ni inexacta ni imprecisa, empero una mala lectura de la misma trae aparejados un sinfín de retoques que impiden saber si lo ahí presentado es verdad.

Por supuesto que la verdad tiene matices. Cada quien desde su muy particular punto de vista tiene la verdad. Ni una fotografía escapa del proceso. Mientras unos ven una cosa otros otra. Por ejemplo, aquel extraño reto del color del vestido. Mientras unos veían el vestido de color azul, otros lo veían dorado. Supuestamente tenía que ver con el estado de ánimo del observador. Entonces, como toda historia humana, cada una tiene dos lados y los lados tonos de acuerdo al estado de ánimo del observador.

Existen paparruchas que de inmediato encuentran un cauce. Miles de personas comparten en las redes mentiras de cualquier tamaño. Ejemplos sobran y se multiplican cada día más. Algunos son inofensivos, pero sumamente preocupantes. Aquel es el caso del acercamiento de un planeta a la orbita de la tierra en cierto día del año y que permitirá a los agobiados habitantes de nuestra tierra una vista espectacular al menos por una noche. ¡Fantástico acontecimiento aquel! Basta con olvidar que las órbitas de los planetas son elípticas y que un avistamiento así no duraría una noche sino una veintena de años, lo gradual de los acontecimientos cósmicos choca de frente con la velocidad de nuestras vidas. Aun así, por desgracia, algunas personas salieron una noche a observar el fenómeno que al final las dejó decepcionadas.

Mientras que las paparruchas son inmediatamente aceptadas como verdad inamovible, otras notas pasan por las sombras. Mientras la mentira se esparce como una nube, hay verdades que ni siquiera luchan para ocultarse. No hay mejor forma de esconderse que a la vista de todos. A nadie se le ocurre buscar a plena vista. Acontecimientos, verdaderas joyas de la historia pasan frente a nuestros ojos y muchas veces son ignorados o pasados de largo. Algunas veces se hacen esfuerzos para tapar la verdad y se generan sendas mentiras que acaparan todos los espacios. Tampoco hay que dejar de lado el tiempo. Basta con dejar pasar unos días para que un nuevo escándalo acapare la atención y olvidar, así de fácil, el anterior. Así de rápido se mueve la opinión.

Las paparruchas, desde siempre han acompañado a la vida social. Cada quien en su estilo aumenta y disminuye la historia. Cada vez que escuchamos una anécdota esta parece más colorida y más increíble, aunque los participantes asientan que así pasó. Nos gusta, como decían las abuelas, adornar la verdad. Ya nadie termina por recordar el asunto como pasó en realidad o como su estado de ánimo le hace recordar. 

Todo lo anterior no tendría ningún problema de no ser que las noticias falsas muchas veces se propagan sin haber investigado nada antes. Por desgracia normalmente es la regla eso de creer de buenas a primeras la información recibida, sea de donde sea. La investigación profunda no es la base de nuestro sistema de enseñanza. Cuando surgen paparruchas acerca de un gobierno, aunque en el actual no sorprenda casi nada, estas generan dudas legítimas en los ciudadanos que requieren saber la verdad.

Al final de cuentas el gobierno, así debe ser, se debe a los ciudadanos, los cuales son los patrones de los funcionarios y no al revés. Si surge una duda, legítima o no, es potestad de los gobernantes responder en primera instancia negando o afirmando lo solicitado. De cualquier forma, rendir cuentas debe ser una constante más que una obligación. 

Pero aquí el verdadero entuerto con las paparruchas. Muchas veces se desatan noticias falsas acerca del uso, mal uso o abuso del presupuesto sin tener pruebas del mismo. Algunas veces se hacen pasar noticias viejas como nuevas y eso genera en la sociedad una desazón y, para los que la conocen, una forma de preguntar al gobierno si aquello es verdad. La transparencia trata justamente de este asunto. Si el dinero que se usó fue invertido realmente en lo que se dice u otro fue el destino.

Cada 17 de septiembre, más o menos, es normal recibir en las todavía denominadas jefaturas delegacionales de la capital del país, seguramente en cada uno de los municipios y gubernaturas también, solicitudes de transparencia acerca del costo de los festejos del 15 de septiembre. Por supuesto que los ciudadanos merecen saber cuánto se gasta en pirotecnia y todo lo relacionado con las fiestas patrias. No importa si el ciudadano disfrutó o no los espectáculos presentados, es su dinero y tiene derecho a saber cómo se gastó.

Si, en cierto caso, se esparcen noticias falsas acerca del costo, de las empresas contratadas o cualquier otra cosa en el ejercicio presupuestal de la fiesta nacional, para continuar con el ejemplo anterior, muchas veces eso conlleva una miríada de preguntas al gobierno acusado de la imaginación. Claro está que se está investigando acerca de si es cierto o no y se hace con la fuente original, el sospechoso. Muy bien. No pasa nada, siempre y cuando no exista una sospecha de que mienten. Se pregunta si, digamos, la cena que suelen ofrecer algunos gobernantes el 15 de septiembre tuvo entre sus platos principales cola de langosta y caviar que fueron degustados por familiares cercanos y amigos del funcionario a costa, claro está, del dinero de los contribuyentes. Las solicitudes tendrían, en muchos casos, esperemos, negativas en tal sentido, presentando facturas de lo ofrecido aquel día o que de plano ni cena hubo.

Mal acostumbrados como estamos a no creer en nada pensamos que simplemente mienten para ocultar que se dan una vida de lujo pasando por alto a los más necesitados. No importa cuan transparente se haya sido, muchas personas dirán que eso pasó y que solo se miente. Claro que no hay muchas razones para no pensar que fue así, sobre todo desde hace 18 años. Lo excesos de los gobernantes son insultantes. Lo son. 

Las paparruchas y la transparencia son caras de la misma moneda. Mientras la una busca desinformar pasando noticias falsas como buenas, la otra busca que la verdad siempre sea noticia. Aunque claro, también se puede pensar que lo que se pone en un papel sea mentira. La dificultad reside en la confianza que se le debe tener a la autoridad y esta se gana con hechos. Pidamos, pues, que las autoridades hagan su trabajo y que se acabe con la impunidad para recuperar la confianza y no solo suponer sino aseverar que lo que dice el gobierno es cierto.

@FilipoOcadiz

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