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Las cuentas acomplejadas de los antilopezobradoristas

Marcos Marín Amezcua

Ya se sabía durante la campaña que no bastaba ser opositor a López Obrador. Lo he señalado en este espacio: los panistas eran particularmente insultantes, invasivos en discutir y descalificar la decisión personal de emitir un voto adverso al suyo, a lo que no tienen derecho. Cuestionadores de tal, mientras rezaban para que no ganara López, en vez de trabajar a fondo para que su impresentable candidato, ganara.

Los priistas por su parte, han sido especialmente defensores de sus privilegios y de la continuidad de su proyecto, que no fue otro en el sexenio de Peña Nieto, que trazar condiciones para desfalcar a la Nación, a lo grande o en corto, obteniendo algún privilegio o prebenda mal allegada o canonjía no bien habida. Da igual y es lo mismo a final de cuentas, juzgando los resultados a obtener. El PRI no era opción en 2018.

Lo que era previsible, pues ya lo vimos en el año 2000, es la actitud insultante y agresiva permanente después del triunfo hacia el vencedor, esta vez López Obrador. No repetiré las palabras creadas a lo largo de estos años para referirse a los simpatizantes del sujeto. Ello dicho en columnas y espacios en los medios donde juegan tales opositores a victimizarse, no bajando la guardia en el insulto a quienes no piensan como ellos. Se los pueden tragar tales, pues solo es que los describen a sí mismos. Incapaces pensantes de articular mejores argumentos, solo merecen esa respuesta si no sostienen ideas.

El ataque no termina en esos vocablos. Se va contra la decisión de una mayoría contundente –53% del voto efectivo, que es el que cuenta y no los nulos o los abstencionistas– y hacen cuentas ridículas para no aceptar ni el resultado ni la situación. De nuevo decirles: hubieras trabajado por un mejor candidato y una mejor campaña que no sostuviste, si no te gusta el resultado.  

Una estrategia burda es decir que solo el 30% de los mexicanos votaron por López, pues ilusos y desinformados deben saber que la ley electoral no concede porcentaje alguno de triunfo. Así votara ese 30% fue la mayoría y basta y sobra. ¿Qué no es legítimo, responden lerdos? sepan que tampoco lo manifiesta la ley y no es problema de aquella una oposición mediocre e incapaz de mejorar la oferta más votada. Punto.

El otro argumento pobrísimo consiste en decir como respuesta a una encuesta que revela que no solo gente jodida votó por López, como sostienen sus adversarios, sino que lo hicieron universitarios y preparados, a ello responden que fue errónea la decisión y que aun siendo el perfil diverso a sus obnubilaciones, no fue la adecuada. Falacia tras falacia merece una repuesta sí, reflexionada y contundente. López Obrador respondió al hartazgo reflexivo hacia el PRI: además, supo articular una campaña rebasando su círculo de electores. Eso explica porqué votaron por él personas que no eran sus seguidores y eso raya en gente con estudios e ingresos diversos mejores que los referidos a índices de pobreza, suponiendo que eso fuera significativo. No hay misterio, pero tampoco hay complacencia y mucho menos interpretaciones torcidas del perfil del votante. Esas que las hagan los oponentes. Sí escalda ver el desprecio con el que dicen: “bueno, ganó la democracia…”. Qué fiasco son como demócratas. 

Ha votado una mayoría que lo hizo por el PRI como otra mayoría, posiblemente distinta lo hizo en 2012 por el PRI. El error ahí sí consistió en entregarle la presidencia a un PRI ya conocido y que resultó ser en esta etapa, el más corrupto de nuestra historia. Error es que gente ridícula descalifique un resultado que no le gusta hoy y le es adverso, insultando.

Este país merece avanzar y si se quiere observar, López ha dado pasos de acercamiento, sí, conduciendo las agendas y las reglas con la legitimidad de un voto mayoritario. Ha modificado, edulcorado su discurso. No lo hace ni mejor ni peor persona, lo hace un político que puede establecer un proyecto. Lo hace y eso no agrada a muchos. Prefiero aguardar los resultados de su actuar, pero no insultaría a los opositores a ese proyecto, porque es hacerles el juego. El argumento los mata. Ese es el camino para callar bocas. Créame que callan así sea por no proseguir la discusión, donde saben que la realidad no los favorece. Lo demás es necear.

 

 

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