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La “patada voladora” que forjó a Croacia

Oscar Blanco González

Un partido de fútbol marcaría la historia de Yugoslavia. El 13 de mayo de 1990, en el mítico estadio de Maksimir en Zagreb, se encontraban frente a frente dos poderosos equipos, Dinamo de Zagreb contra el Estrella Roja de Belgrado. Era el clásico de la nación yugoslava. El encuentro se disputó en medio de una fuerte tensión política y social por el surgimiento de un partido político ultra-nacionalista croata que desafiaba a la autoridad central yugoslava. De cada lado, estaban dos grandes jugadores Dejan Savicevic, del Estrella Roja, contra el Dinamo de Zagreb que comandaba Zvonimir Boban. El conflicto posterior de ese día fue el preludio de la intensa guerra civil que desintegraría a Yugoslavia.

 

Las peleas y golpes entre aficionados se desbordaron al campo, y en un instante Zvonimir Boban defendió a un hincha croata partidario del Dinamo de Zagreb, cuando le propinó una tremenda patada “voladora” a un policía. A partir de ahí, el jugador se convirtió en el estandarte del nacionalismo croata, La imagen repetida en los medios repercutió más allá de los campos de futbol y se utilizó como icono del “orgullo croata” en la guerra civil que tendría lugar un año después.

 

La sanción de la federación yugoslava privó a Zvonimir Boban de jugar su primera copa del Mundo, le fincaron cargos criminales y fue suspendido seis meses. A pesar de no acompañar a su selección, Yugoslavia brilló en la Copa del Mundo de Italia en 1990.

 

En el mundial, Yugoslavia permaneció unida con un equipo formado por grandes jugadores, Stanojovic, Jozic, Pancev, Stojovic, Prosinecki, Jarni, Savicevic, y Suker, que mostraron sus habilidades técnicas, aunque debutaron perdiendo con Alemania 4-1, triunfaron después contra Colombia y Emiratos Árabes Unidos. En los octavos de final eliminaron a España (2-1) y en cuartos de final, después de empatar (0-0) perdieron en la tanda de penales contra la Argentina de Maradona, que terminaría como subcampeona del mundo.

 

Este equipo recordó a la laureada selección de la Copa Mundial Juvenil de 1987 que jugó en Chile. Integrada por jugadores de gran nivel como Suker, Boban, Mijatovic, Mijhailovic, Jarni, Prosinecki, entre otros jóvenes; en el torneo lograron deslumbrar a propios y extraños con su despliegue técnico. Este campeonato fue su consagración. En la tanda de penales contra Alemania Federal ganaron con un marcador de 5-4 (Pavlicic, Suker, Brnovic, Zirojevic y Boban) tres croatas, un montenegrino y un serbio dieron la ansiada copa mundial a Yugoslavia.

 

En 1991, una de las mejores generaciones de futbolistas yugoslavas comandada por Dejan Savicevic ganó la Copa de Europa, ahora llamada “Champions League”. El equipo Estrella Roja de Belgrado jugó con Belodedici, Jugovic, Prosinecki, Mihajlovic, Petrovic, entre otros. Su virtud fue tanta que ganaron en un vibrante partido frente al poderoso Olympique de Marsella encabezado por Jean-Pierre Papin, al cual derrotarían en el estadio San Nicola de Bari, en tanda de penales por marcador de 5-3. También, ese mismo año, consiguieron la Copa Intercontinental frente al Colo-Colo de Chile de Marcelo Barticciotto, en el estadio Nacional de Tokio por 3-0.

 

El inicio de la Guerra de los Balcanes en los años 90, truncó a esta formidable generación de futbolistas. El 30 de mayo de 1992, coincidiendo con el recrudecimiento del conflicto, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) decretó un bloqueo total a Yugoslavia que incluía la prohibición de participar en cualquier competición deportiva internacional, incluidos los Juegos Olímpicos. Esa misma tarde, el secretario general de la FIFA, Joseph Blatter, anunció que Yugoslavia no participaría en la Eurocopa, que comenzaba 12 días después en Suecia.

 

La Eurocopa de Suecia de 1992 sería una ocasión formidable para demostrar el poderío de Yugoslavia que había avanzado en la etapa clasificatoria de gran manera; era la madurez de una generación que estaba destinada a brillar en toda Europa. Pero, el conflicto armado los privaría de cualquier hazaña. Dinamarca ocupó su lugar que a la postre sería la selección campeona del torneo.

 

Unos años más tarde, el destino quiso que el montenegrino Dejan Savicevic y el croata Zvonimir Boban jugaran juntos otra vez en el poderoso AC Milan. En plena Guerra de los Balcanes, dos jugadores probaron que era posible la reconciliación en el campo de juego. Savicevic, “il genio” como le llamaba Silvio Berlusconi dueño del equipo, maravilló al mundo con su prodigiosa pierna “zurda”. Entrenados por Don Fabio Capello, formaron un equipo de época que venció 4-1, en la memorable final de la Copa de Campeones en Atenas, al FC Barcelona en 1994. El equipo catalán conocido como el “dream team” estaba formado por Romario, Guardiola, Koeman y Stoichkov, entre otras grandes estrellas, y entrenado por el legendario Johan Cruyff.

 

En 1998, en la Copa del Mundo de Francia, una parte de la generación juvenil campeona en Chile se convirtió en la base del equipo de Croacia que alcanzó el tercer puesto, y la otra integró quizá la última participación de Yugoslavia (Serbia y Montenegro) como nación. La mitad de aquel equipo disputó el campeonato mundial, cuatro de ellos, con Yugoslavia: Lekovic, Savicevic, Brnovic y Mijatovic, y cinco con Croacia: Suker, Prosinecki, Jarni, Boban y Stimac. Croacia se quedó a un paso de la final cuando perdieron la semifinal con la Francia de Zinedine Zidane, Thierry Henry y de Marcel Desailly por 2-1; mientras que Yugoslavia sucumbió también 2-1 en octavos de final con la Holanda de Seedorf, Kluivert, Davids, Bergkamp Overmars y compañía.

 

En unas cuantas horas, las nuevas generaciones de jugadores croatas herederos de estos triunfos del futbol yugoslavo enfrentarán a Francia. La final del Campeonato Mundial en Rusia 2018, será una batalla épica como fue entonces la semifinal del Mundial de Francia en 1998. Ahora, Croacia probará que tiene lo necesario para ser campeón del mundo, lo ha venido demostrando paso a paso, partido a partido, generaciones formidables de jugadores los respaldan y el domingo podría ser el gran día de su coronación. La “patada voladora” de Zvonimir Boban puede ser el preámbulo de la gloria de Croacia.

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