Comparte en:

La multiplicación (tramposa) de las firmas

Filipo Ocadiz @FilipoOcadiz

Todos hemos escuchado y sabido de historias en las que la trampa y el engaño son la mejor arma contra un enemigo poderoso; en este sentido podemos citar desde los griegos antiguos, que pudieron, gracias al ingenio de Odiseo, penetrar las defensas de la ciudad de Troya.

También están aquellas grandes hazañas de Aníbal, en la antigua Roma, que con un gran ejército y muchas veces haciendo uso del rumor, se colocó frente a las puertas de la capital del naciente imperio casi poniéndolo de rodillas a sus pies, siempre será un misterio por qué no lo logró. Ya más en nuestra época, un enorme despliegue táctico de los aliados, en la segunda guerra mundial, gracias al engaño e, incluso debido a algunos sacrificios, se pudo engañar a los alemanes del lugar donde se llevaría a cabo el desembarco aliado en el día D. 

Para no llenar de anécdotas que no cabrían más que en una antología, ha sido un secreto a voces que la trampa más utilizada en la democracia moderna, donde los votos son los que cuentan, que los muertos votan, haciendo del sufragio una trampa más en el arsenal de las personas sin escrúpulos. Tampoco debe pasar desapercibido el hecho de que también los muertos cobran pensiones, así tengan años de fallecidos, todo parte de la trampa.

En este respecto, la multiplicación de las firmas de apoyo para los aspirantes a candidatos independientes es una trampa y, en el peor de los sentidos. Algunos pasaron de ser mediocres contendientes a ser verdaderos rivales en tan solo un mes; otros llevaban paso de campeón y casi ni se les veía el polvo, otros hicieron su mejor esfuerzo y no les alcanzó. Así transcurrió el tiempo hasta que supimos quién fue el ganador, mejor dicho ganadora, a nivel de candidatos presidenciales, aunque dejando más dudas que certezas.

Pero la sociedad no está conforme. Se sabe, existen las pruebas, que todos los candidatos tuvieron cierto nivel de inconsistencias, todos. Unos más, otros menos pero todos. La exigencia no es menor, hacer trampa aunque sea poquito, es trampa. No importa cuánto se quiera disminuir su peso, no importa cuánto se trate de deslindar al candidato (a); lo que importa es que se hizo trampa. Pues, se trata de quien se roba algo, sea de un valor ínfimo o de un valor considerable, robar es robar y engañar es engañar, no hay puntos medios; ni hay rateritos y raterotes, aunque nos guste pensar en esos términos. 

No se vale, entonces, colocar a quienes hacen trampa multiplicando firmas gracias a las fallas del sistema para la recolección de las mismas, lo que permite hasta desviar culpas, entre los que no hicieron nada malo. Tampoco se vale que, haciendo uso de credenciales de elector en forma de fotocopias se intente engañar a las instituciones haciéndolas pasar por buenas, que aquí ocurren dos problemas, el primero es que hay usurpación, pues muy seguramente las copias fueron usadas sin el consentimiento de los titulares y que conlleva un delito y, segundo, los datos personales también fueron usados sin consentimiento y que también constituye una violación a la protección de datospersonales.

Entonces, no se puede poner en el mismo nivel a los griegos y cartagineses con sus tretas y mañas para vencer a un enemigo mucho más poderoso a los actuales tramposos, pues en la democracia no hay enemigo a vencer, solo existen los intereses que se han creado en pequeños grupos. No se puede valer de la trampa en todos los casos. No podemos ni debemos acostumbrarnos a ello. Basta ya, pues, de pensar que las cosas no pueden cambiar pues así han sido siempre.

 

Artículos relacionados